A LOS PIES SE OYE MEJOR

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Creado por: mrodriguez
Fecha: 02/18/2017 @ 11:57:30 am
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Creado por:  María V. Rodríguez Cortés mrodriguez

Fecha: 02/18/2017 @ 11:57:30 am

A LOS PIES SE OYE MEJOR

Escritura Base:  S. Lucas 10:38-42 RVR1960

“Aconteció que, yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Ésta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.”

Introducción

Jeremías en una ocasión dijo:  «No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.» Jeremías 20:9 RVR1960.  Con ese fuego ardiente, le dije al Señor yo deseo que la iglesia esté bien formada.  Y el Señor me dijo, “impárteles lo que tienes”.  Y me llevó a recordar el ejemplo de Marta y María, porque yo aprendí a oír a sus pies.

Enseñanza

Hay dos cosas que convergen en el escenario mientras se ministra la Palabra:

  • Está el que expone la Palabra, el mensajero
  • Está el que se sienta a oírlo, el que la recibe

Note que María pudo haberse sentado de frente con frente al Señor, pero se sentó a sus pies. ¿qué imagen te viene a la mente? ¿Cómo oyes a quien te enseña?  Hay varias maneras: 

1. El que se sienta a oír a los pies va a quedar más bajo y el que enseña más alto - significa que me coloco en la posición de recibir; yo no me igualo ni me coloco por encima, yo reconozco que necesito esa palabra, ese mensaje. Se refiere a la actitud de mi corazón en relación a la palabra, el mensaje, ser enseñable, entender que siempre tengo algo que aprender y que así sea una sola cosa que me haya impresionado o impactado del mensaje, me fui con una palabra. (Un hombre le dijo a Jesús un día di la palabra y mi siervo sanará y así fue hecho.)

2. El que se sienta a oír a los pies, se conecta con la Palabra, el mensaje; en ese momento solo existen tú y Él porque Él es la Palabra. Todo el ruido y el movimiento de Marta no sacó a María de su concentración de oír. De hecho, hay vidas que el ruido y el movimiento, el afán, los quehaceres y las preocupaciones no están afuera sino que están dentro de ellos. Cuando un ministro se para a ministrar tiene dos tipos de audiencia, la audiencia tipo María y la audiencia tipo Marta. ¿Con quién nos identificamos? Por otro lado, los que no se sientan a sus pies a oír van a tratar de que te salgas de ahí, pero no te lo van a decir. Sabes, Dios me dio una nueva definición de sabiduría: y es que la sabiduría es hacer todo lo que tengo que hacer para cumplir mi asignación sin quitarle a Él su tiempo.

3. El que se sienta a oír a los pies del Señor, pasa de ser el Señor a quien sirvo y se convierte en el Señor a quien oigo; por eso Marta se encontró sirviendo sola. ¿Sabes que hay gente que sirve muy bien, pero oye muy mal porque sirve por preocupación y no por revelación?

4. El que se sienta a oír a sus pies sabe que la revelación no consiste meramente en oír algo nuevo sino en descubrir algo que ya estaba. El evangelio de por sí son buenas nuevas. Si a lo que la gente le llama revelación, no es algo que lo puedan llevar a la práctica, o si no es de utilidad para su vida, es mero conocimiento.

Siempre que veas la palabra revelación en la Biblia, ésta va a resultar en un beneficio para ti. Te voy a dar esta analogía de revelación que es algo que me ocurrió en verdad. El día que yo descubrí, cuando trabajaba en Santurce, que había una calle que caía justo frente al edificio donde yo trabajaba, representó para mí un ahorro de tiempo, liberación de tensión, etc. Esa calle no empezó a existir cuando yo la descubrí, ya estaba allí y todos los que antes que yo la habían descubierto se beneficiaban de ella, menos yo, hasta que la descubrí.

Tú sabes por qué yo sé que la palabra que se ministra tiene revelación para tu vida, por lo bien que te va. Dios te quitó lo que tú no necesitabas y te añadió lo que será de bendición para tu vida. Dios no te está alborotando las emociones, te está enseñando.

«Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué quiere decir esto. (Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo.)» Hechos 17:20-21 RVR 1960. Eso es parte de la influencia del espíritu de Grecia que opera en muchas vidas. Cuidémonos de operar como ellos y busquemos la revelación de toda palabra que escuchemos.

Les invito a meditar con estas preguntas para evaluar nuestra manera de oír:

¿Cuándo dejamos de sentarnos a sus pies a oír? ¿Desde cuándo? ¿Cuándo empezamos a creer que el mensaje no es lo suficientemente bueno para mí? ¿Desde cuándo es más importante el cómo se trasmite la palabra o el mensaje, que la palabra, o el mensaje mismo? ¿Cómo nos pasó esto? ¿Desde cuándo dejamos de respetar la presencia del que dio la palabra, el mensaje, o sea Dios? ¿Desde cuándo el estilo de exponer, del que da la palabra o el mensaje toma preeminencia por sobre lo que Dios nos quiere ministrar? 

Reflexión Personal

Hace poco me di cuenta de que yo estaba siendo afectada por esto; cuando un día me senté en un momento a oír la Palabra, pero no a sus pies. Estaba oyendo un programa en el canal de Enlace que no era el que yo con gusto me sentaría a escuchar, por el estilo de llevar el mensaje o por hablar cosas que, según yo, ya sabía (saberlas es una cosa y vivirlas y practicarlas es otra).

Aun sin querer me quedé escuchando; y este varón hablaba acerca del momento en que le preguntan al apóstol Pedro si el Señor no iba a pagar las dos dracmas. Y el apóstol Pedro dice que sí, luego el Señor le envía que vaya y pesque y en el primer pez que pescare iba a encontrar un estatero, que equivale a cuatro dracmas, lo necesario para pagar el impuesto del Señor y del apóstol Pedro.

Adquirí una enseñanza que me hizo recordar la frase del apóstol Ismael (mi amado esposo ya reinando con el Señor): “en tus habilidades están tus riquezas”. La enseñanza que este varón compartía era la misma, que donde están tus habilidades ahí puedes esperar lo sobrenatural de Dios para acontecer. Jesús no envió a Pedro a talar un árbol para que encontrara sobrenaturalmente un estatero, porque él no era un leñador, lo que él sabía hacer muy bien era pescar, así que Jesús usó la habilidad del apóstol Pedro para producir riquezas de una manera sobrenatural. 

Yo creo que, si yo siendo apóstol he vivido esto, sé que tú también te has visto en algún momento en este predicamento. Las vidas buscan algo que los llene, tanto físico como espiritual; podemos sentirnos llenos de dos formas, o estamos llenos de gases (aire) o estamos llenos con alimento. Nosotros escogemos, porque lo que hace la diferencia es que te sientes a sus pies a oír, eso significa que mi enfoque está en la palabra, el mensaje, no en el mensajero. Dios escoge al mensajero, no nosotros, nosotros escogemos el oír, sin ruidos externos o internos que nos distraigan. 

Amados yo sé que hay ministros que cumplen, según nosotros, con ambos requisitos, que tienen una buena palabra y nuestras emociones y sentidos se alborotan. Y eso no está mal, al contrario, gloria a Dios. Pero no hay mayor muestra de madurez que cuando tú aprendes a emocionarte y a alborotarte única y exclusivamente porque se te está ministrando su Palabra. Y si en algún momento tú sientes que lo que estoy ministrando de parte del Señor no te llega, pues, mírame a los pies, y por revelación te iluminará que a sus pies se oye mejor.

«¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!» Romanos 10:15 RVR1960

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